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Street Child World Cup 2026: el ‘otro’ Mundial para dar voz y rostro a los jóvenes más invisibles de la sociedad  

Cuando el balón echó a rodar en el Estadio Azteca el pasado 11 de junio, el coliseo del fútbol mexicano se convirtió en el primer estadio de la historia en albergar tres Copas del Mundo. A partir de ese momento, la atención de todo el planeta se ha centrado en las figuras de Lionel Messi, Lamine Yamal, Cristiano Ronaldo o Kylian Mbappé; pero unas semanas antes del comienzo de la competición, a unos pocos kilómetros del legendario recinto, cientos de jóvenes futbolistas anónimos participaron en otro Mundial. Uno en el que los jugadores y jugadoras de ambos equipos celebraban los goles abrazándose, independientemente de si era un tanto propio o del rival. Uno sin tantos focos ni impacto mediático, pero con la misma capacidad para generar recuerdos de esos que cambian vidas.  

La Street Child World Cup, celebrada en cada Copa del Mundo desde Sudáfrica 2010, surgió con el objetivo de ofrecer a niños, niñas y jóvenes en situación de vulnerabilidad un espacio donde el deporte sirva para derribar barreras y abrir nuevas oportunidades. Bajo el lema I am Somebody, ha reunido a 28 equipos procedentes de 20 países en su edición de 2026. Como anfitrión, México tuvo la mayor representación con cinco equipos, por delante de Brasil, Estados Unidos, Inglaterra, Gales e India, que participaron con un combinado masculino y otro femenino. Alemania, Palestina, Canadá, Chile, Hungría, Egipto, Pakistán, Malasia, Indonesia, Kenia y Sudáfrica estuvieron representados por un único grupo, mientras que el conjunto Borussia-ACNUR reunió a refugiados y solicitantes de asilo de distintos orígenes. 

Aunque el componente deportivo del torneo es innegable, lo que hace de la Street Child algo especial es un enfoque metodológico que convierte la actividad física en una herramienta de convivencia, aprendizaje, educación en valores y transformación social. Tanto dentro de la cancha, con la implementación de la filosofía de la Fundación Fútbol Más para potenciar el respeto y el compañerismo; como fuera de ella, con la organización una Asamblea General en la que se abordaron los problemas, necesidades y demandas de los participantes ante la presencia de representantes políticos e instituciones, el torneo ha tenido el equilibrio perfecto entre emoción competitiva y compromiso transformador. 

En ese sentido, la colaboración de Fútbol Más ha sido clave para optimizar la experiencia de la mano de sus voluntarios, formadores y profesionales, sobre todo a través de la Tarjeta Verde. Utilizada para recompensar conductas positivas dentro del terreno de juego, su implementación transformó la realidad cotidiana del torneo y la mentalidad de sus participantes. Antes de cada partido, los colegiados establecieron una serie de retos y objetivos relacionados con el juego limpio para repartir hasta tres tarjetas verdes por choque. De esta manera, podía darse la circunstancia de que un equipo con menos goles o puntos podía adelantar a otro en la clasificación si conseguía dichas bonificaciones por su conducta y actitud. Y al final del torneo, hubo dos campeones: el ganador a nivel deportivo y el Equipo Tarjeta Verde, es decir, aquel que mejor había aplicado la metodología y los valores de Fútbol Más en los duelos. 

La competición se disputó en dos fases durante la primera quincena de mayo. La ronda inicial tuvo lugar en Oaxtepec (Morelos), donde los participantes se alojaron en el Centro Vacacional de carácter público que el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) cedió en exclusividad para estos jóvenes durante 15 días. En esta fase, se disputó una liguilla entre todos los equipos. En función de los resultados, el top-10 se clasificaba para la Street Child World Cup, mientras el resto pasaron a un torneo de consolación (Street Child Shield) para que pudieran seguir participando y no quedasen eliminados a las primeras de cambio.  A continuación, los dos grupos se trasladaron a la Ciudad de México para disputar la fase final y asistir a la Asamblea General, celebrada en el Teatro Hidalgo con la presencia de la presidenta Claudia Sheinbaum, el grupo de rock U2 y representantes públicos de diferentes países. 

En la Street Child World Cup, el equipo de Brasil (Stret Child United Brazil) fue el ganador masculino, mientras el Más Sueños A.C. de México se llevó la edición femenina. En la clasificación de las tarjetas verdes, los vencedores fueron Malasia (masculino) y Palestina (femenino). Por su parte, en la Street Child World Shield, el equipo masculino de Indonesia y el femenino de Brasil fueron los triunfadores en la cancha. Y en lo referente a las tarjetas verdes, el equipo de Fútbol Más Chile (masculino) y Kenia (femenino) se llevaron la corona del fair play

La jugadora del Sporting Chance (SudáfricaOnika Mytobile, reflexiona sobre el papel del balompié en su vida y la singularidad de la Street World Cup como experiencia. “El fútbol le da un propósito a mi día a día y me ofrece oportunidades como esta. Es la primera vez que cojo un avión y viajo a otro país. Al principio tenía ansiedad y no sabía si encajaría con el resto de personas, pero incluso si no todos hablábamos inglés con fluidez, acabamos compartiendo bailes, juegos, comida e historias sobre nuestros países. Algunos equipos habían viajado antes y venían de entornos con un nivel económico más alto que otros, pero en la cancha, todos teníamos la misma pasión y hermandad”, explica. 

Para ella, el uso de la Tarjeta Verde ha sido el elemento más destacado durante los partidos. “Ha cambiado cómo percibo el juego y he empezado a utilizarla en mi vida cotidiana. Creo que deberían implementarla en el fútbol profesional. Si, por ejemplo, Leo Messi recibe una de estas tarjetas por una acción positiva en un partido, será más efectivo y ejemplarizante que cualquier campaña”, reflexiona. Sobre el futuro, la jugadora lo tiene claro: “El fútbol no lo puede arreglar todo, pero es un primer paso. Ahora quiero volver a mi país y seguir estudiando. Después, me encantaría empezar un programa para que otras niñas de mi comunidad puedan jugar al fútbol en igualdad de condiciones”, concluye. 

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Las sensaciones positivas sobre el impacto de la Tarjeta Verde en el torneo y el uso del fútbol como motivación para alcanzar sus metas en la vida también son compartidas por el equipo de ChileAlan, uno de sus jugadores, reconoce su sorpresa después de haber entablado una gran amistad con sus rivales argentinos. “Hay mucha rivalidad entre nuestros países. Perdimos la semifinal contra ellos y lo normal hubiera sido estar enemistados y frustrados, pero acabamos apoyándolos en la final y dándole nuestro cariño cuando perdieron la final”.  

Al ser cuestionado por las personas a las que entregaría una Tarjeta Verde como muestra de reconocimiento, su compañero Juan Pablo comparte una emotiva reflexión. “Se lo daría a las dos personas que más quiero en la vida: mi madre y mi abuela. Dudé de si ir al torneo porque mi abuela está enferma, pero ella me alentó para que fuera y lo hice en su honor. Estas experiencias me enseñan que hay que levantarse ante la adversidad. Mi sueño es ser astrónomo, pero, sobre todo, ayudar a que mi mamá consiga una casa”, asegura durante una entrevista telefónica. 

La implantación de esta metodología en la práctica del torneo estuvo repleta de retos. Mientras algunas delegaciones estaban familiarizadas con la Tarjeta Verde gracias al trabajo regular de Fútbol Más en sus países, para otras suponía una forma completamente distinta de entender la competición. Ari Pérez, coordinadora de Metodología de Fundación Fútbol Más México y responsable de asentar sus principios en la Street Child World Cup, admite que hubo quienes tardaron en comprender o aceptar por qué equipos con peores resultados deportivos podían quedar por delante por cuestiones relacionadas con el comportamiento.  

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Sin embargo, el cambio de mentalidad fue muy notorio a los pocos días. Si en la jornada inaugural todavía hubo protestas, exceso de competitividad o dificultades para asumir algunas decisiones arbitrales, conforme avanzó el torneo esas actitudes dieron paso a gestos de compañerismo y amistad inimaginables en el deporte profesional. “Los equipos celebraban los goles junto a sus rivales y, una vez eliminados, permanecían en las gradas animando al resto de países. Hasta los entrenadores que al principio cuestionaban la Tarjeta Verde acabaron reconociendo que era mucho más importante que el resultado», concluye Pérez. 

Los congresos y la Asamblea General: la verdadera joya del ‘otro’ Mundial 

Más allá de los partidos, el elemento diferencial del torneo tiene que ver con su vocación transformadora en lo social. Por ello, los protagonistas participaron en una extensa programación de talleres, congresos y, finalmente, una Asamblea General, en los que se abordaron diversas temáticas con el objetivo de que estos chicos y chicas tantas veces ignorados puedan, por una vez, alzar la voz, sentir que forman parte de la sociedad. Pero, sobre todo, para que sus realidades sean expuestas y que el torneo tenga un impacto tangible en forma de políticas públicas que transformen sus realidades y mejoren sus condiciones de vida.  

En esos congresos, los jóvenes participantes tuvieron la oportunidad de compartir sus historias personales, describir la realidad de sus comunidades de origen, exponer sus demandas, sus sueños y las barreras que enfrentan en su día a día delante de compañeros, rivales, entrenadores y representantes políticos o de la sociedad civil. Una vez realizado este complejo ejercicio, los participantes comenzaron a preparar su exposición final para la Asamblea. 

Elena Beltza, psicóloga deportiva y formadora en diversos proyectos de Fútbol Más España, fue una de las invitadas para moderar y trabajar en dichas sesiones junto a los equipos de Sudáfrica, Hungría, Brasil y Egipto. Para ella, la verdadera “joya” de la Street Child World Cup son los congresos y la Asamblea General, y pone en valor el esfuerzo que hicieron sus jóvenes participantes para abrirse en canal y compartir sus emociones o reflexiones con personas tan diversas. “Al venir de contextos tan diferentes, los testimonios de unos u otros les dejan impactados y les cambian la mentalidad para siempre. El hecho de viajar a otro país o continente es una experiencia inolvidable, pero la parte social es lo que diferencia realmente este torneo. Haber participado en los congresos me ayudó a recordar que en la infancia sale lo mejor del ser humano. A veces, los adultos menospreciamos su visión cuando, en muchos aspectos, somos nosotros los que tenemos una mentalidad equivocada y deberíamos regir la vida pública y las normas sociales por los valores que un día tuvimos en la niñez”, sostiene. 

Organizar un torneo de estas características y garantizar el bienestar de cientos de menores procedentes de una veintena de países supuso un desafío constante. Giordana Jiménez, líder del proyecto y una de las responsables de la logística y organización de la Street Child World Cup, asegura que el simple hecho de que el torneo pudiera celebrarse «ya fue un milagro». «Algunos chicos tuvieron que viajar a otros países para tramitar el visado porque no había embajada de México en el suyo y otros no tenían padres ni tutores legales que pudieran autorizar el viaje. Financiar los vuelos también fue un reto, pero con ideas ingeniosas, muchos consiguieron patrocinadores para sus camisetas o mochilas», explica. 

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Superadas esas dificultades, ya en México, llegó otro desafío: trasladar a 500 participantes desde Oaxtepec hasta Ciudad de México coincidiendo con la ronda final y la Asamblea. “Los primeros días algunos tenían problema para adaptarse a un clima o una comida diferente, pero lo que más recuerdo fue el caos de trasladar a 500 chicos al centro de la Ciudad de México con todo el despliegue de seguridad y protocolo que conllevan las visitas de autoridades. A pesar de todo, el resultado merece la pena”, añade. 

Giordana señala con especial emoción al equipo femenino de Palestina, el que más Tarjetas Verdes acumuló en su categoría. «Desde que llegaron entablaron amistades muy bonitas. Verlas jugar, bailar y cantar junto al equipo de Estados Unidos fue una lección de vida. Te das cuenta de que, pese a todo lo que han vivido, son exactamente iguales a nosotros: solo quieren ser felices y vivir tranquilamente». 

Young Leaders: un legado eterno 

Puede que la Street Child World Cup 2026 haya llegado a su fin, pero su legado y su conexión con los participantes sigue vigente. En las últimas semanas, representantes de Street Child y algunos de los participantes en el torneo han recorrido algunas sedes mundialistas como Seattle, Miami, Toronto o Nueva York para seguir expandiendo el eco de su mensaje a través del I am Somebody Tour. Además, el torneo cuenta con el programa Young Leaders, ideado para seguir apoyando a los participantes durante los cuatro años posteriores a cada Street Child World Cup en su futuro académico y profesional, capacitándoles con cursos de idiomas, fomentando su acceso al sistema educativo o el mundo laboral.   

Como broche de oro, 60 jóvenes líderes de 20 países diferentes visitarán la sede de las Naciones Unidas para presentar la carta de peticiones de la Street Child World Cup, en la que se aboga por una intervención urgente en sus comunidades de origen para que todos estos jóvenes dejen de ser invisibles y, al igual que Leo, Kylian, Cristiano o Lamine, sean percibidas como personas merecedoras de ser vistas, escuchadas y admiradas. No solo dentro de la cancha, sino también fuera de ella. 

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